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Saturday, January 29, 2011

arte: giovanni's room

Pasé por sus páginas, no, mejor dicho, me deslicé por ellas con la intensidad y la duración de un huracán. Llegué, deshice y me fui. Es la segunda novela que leo y es como si anunciara que la tercera será algo parecido a leer la Biblia por primera vez. Baldwin tiene el don de decir las cosas con un gusto refinado y preciso, sin ostentación. Puede hacer temblar de emoción y luego hacerme sonreír, de lujuria y deseo, de venganza incluso.

Recuerdo que empecé a leer en Taxco, en un callejón desde donde se avistaba la parte superior de la Iglesia de Santa Prisca y donde los locales barrían las calles mientras hablaban de los tamales de rajas, los niños bajaban peligrosamente las calles inclinadas con bicicletas como avispones y yo estaba sentado a los pies de una fuente apagada, entre levantando la vista para no olvidarme de Taxco y volviendo al París de los años ciencuenta donde David y Giovanni se cobijan en una habitación que es el closet, la bisexualidad, el miedo y todo aquello que no nos deja amar libremente.

Descubrí que esta novela va bien con un filete a la pimienta y una copa de clericot. Se debe leer sobre los balcones que den a un parque y nunca más allá de las primeras horas del atardecer.


Friday, January 14, 2011

arte: serna y de águila

Devoré dos libros de cuentos estupendos, uno detrás del otro, con la avaricia con que se comen los postres favoritos. Por un lado, Amores de segunda mano del mexicano Enrique Serna, y por otro, Ellos orinan de pie, del cubano Rafael de Águila.

Los dos hacen y deshacen el lenguaje como si lo hubieran inventado. Serna es más formal que de Águila, sin que en los dos se menoscabe el ritmo de los acentos, la peculiaridad de los diálogos que resuenan en cada cosa que describen, que evidencian la clase social, la nacionalidad, la emoción, la agudeza crítica del escritor. De Águila escribe de corrido, sin dividir párrafos, puros puntos, comas y más punto y comas, pero son oraciones son cortas, económicas, hilan, van y vuelven, y más vale seguir la pista porque de lo contrario uno se pierde. Mi cuento favorita de Serna utiliza una técnica similar; se llama "Amor propio", y narra el encuentro de una cantante y su doble, un travesti que se refleja en la celebridad y viceversa, y las voces se confunden y es como un contínuo desdoblar hasta que el cuento termina y entonces uno sabe qué pasó, solamente tiene la certidumbre que acaba de leer un textito maravilloso que se pasa como agua, y se quiere repetir.

A Rafael de Águila lo encontré una mañana luminosa en un mercado de souvenirs cubanos en Varadero. El libro me saludó con toda la belleza de su portada y la musicalidad de su título. Costó un peso cubano; algo así como 15 pesos mexicanos. Era el último ejemplar. Mientras esperaba a "alguien", acaricié el libro, lei la sinopsis y el sol del caribe empezaba a calentar. Decidí no remover el sello que lo cubría...hasta hace unos días cuando lo retiré para empezar a leerlo. Serna, por otra parte, fue la primera compra del dos mil once. Frente a Bellas Artes, junto al chai con leche (deslactosado light), al amparo de los chicos que tocan batucada frente a la torre latino en la calle Madero (y siempre me desordenan). Fui un impulso, en ambos casos.


Wednesday, December 22, 2010

arte: the museum of innocence



Anoche, después de un mes, terminé el maratónico The Museum of Innocence de Orhan Pamuk. Uno de mis roommates me lo obsequió de cumpleaños, y se lo agradecí genuinamente porque de no haberlo hecho, yo jamás lo hubiera comprado. Muy raras veces suelo leer novelas de amor, a excepción de las macondianas; sin embargo, ésta tuvo la virtud de tomarme la mano y conducirme a través del complejo entramado erótico-compulsivo del protagonista. Nunca me perdí en sus más de 500 páginas, y disfruté de la luz del mediterráneo, del efecto tóxico de los rakis que los personajes degustan con frecuencia, del bullicio de las calles al anochecer, de la compañía de la élite occidentalizada, de una ficción casi real en la que el mismo autor aparece como el escribano de la novela que tenemos en nuestras manos.

Kemal, el protagonista, se enamora de Fusun, dependiente de una boutique, y por ocho años, vierte la imposibilidad y el azar de su amor en una colección de objetos y fotografías que hacen posible la rememoración del tiempo que pasaron juntos. A la manera de los museos dedicados a personajes célebres que abundan en el mundo occidental (la división cultural es contundente tanto en la forma en que el autor como los personajes construyen la historia), Kemal decide erigir un museo a su amada Fusun con el fin de mostrar al mundo, y de hacerse de un espacio que continúe sustentando, el amor que llegó a sentir por ella. Con tal propósito, visita más de cinco mil museos alrededor del mundo, colecciona casi todo lo que ella alguna vez tocó, incluso la casa en la que habitó, y de paso nos ofrece un par de citas memorables que cualquier estudiante de historia del arte o gestionador de museos querrá adoptar para su tesis o, mínimo, como epígrafe para algún trabajo de alto calibre:

Anyone remotely interested in the politics of civilization will be aware that museums are the repositories of those things from which Western Civilization derives its wealth of knowledge, allowing it to rule the world, and likewise when the true collector, on whose efforts these museums depend, gathers together his first objects, he almost never asks himself what will be the ultimate fate of his hoard. When their first pieces passed into their hands, the first true collectors - who would later exhibit, categorize, and catalog their great collections (in the first catalogs, which were the first encyclopedias) - initially never recognized these objects for what they were. (The Museum of Innocence, p. 73).

Sin embargo, y tal como se lo dije a un amigo, pasará un buen tiempo para que vuelva a leer, al menos con deliberación, algo de Pamuk. Fueron suficientes páginas, suficiente sufrimiento. Pamuk escribe tan bien del amor, que no quiero saber nada de él ni de sus protagonistas.

Sunday, November 21, 2010

arte: copi



Escrita entre 1979 y 1982, La Guerra de las Mariconas del escritor argentino Copi (Raúl Natalio Roque Damonte) es un texto que quizá en su momento fue revolucionario. No conozco la respuesta crítica a la historia; la nota de la traductora menciona que antes de aparecer en forma de libro, La Guerra de las Mariconas se entregó en periódicos. Fue originalmente escrita en francés y en su versión en español hace uso del lunfardo, que supuestamente Copi nunca dejó de enarbolar.

Odié el librito. Cada página, cada diálogo, cada salto narrativo (que probablemente obedezca a las formas periodísticas que vieron las primeras luces de la historia). Es una guerra acérrima entre maricones franceses socialistas, enemigos de la burguesía parisina y la intelectualidad de izquierda, y un grupo de hermafroditas amazonas que hace el mundo añicos a base de bombas nucleares y estrategias de rebeldía espontánea que no encuentran en el texto la verosimilitud necesaria para sustentar lo absurdo y lo divertido que pueda tener la historia.

En muchas ocasiones, me encontré leyendo los raving and rantings de un militante de la más pura beligerencia homosexual que avoca por la destrucción total de todas las taxonomías socio-culturales y económicas de la Sociedad; una diatriba de provocación, de resistencia e identificación con prácticas sexuales marginales aun dentro de las comunidades lgbt que no pasó de ser más que un buen esfuerzo de ironía y sobredosis psicotrópica. Es una pésima adaptación de La Guerra de los Mundos de H. G. Wells y un odioso acercamiento a las nuevas corrientes teórico-filosóficas que, por su parte, proveen a los movimientos de liberación homosexual de herramientas serias hacia el entendimiento de las identidades y conductas. La muerte de Michel Foucault en manos de Venecio da Luna junto con una docena más de intelectuales queer es un acto simbólico poco explotado que el autor deja de lado para ahondar en los detalles de la relación sadomasoquista entre el protagonista y Conceicao do Mundo, la amazona hermafrodita que, en una analogía temprana del Quinto Elemento, es la figura que inicia y culmina la empresa de la creación de un nuevo orden sexual y cultural.

Los diálogos son malísimos. No hay construcción de espacios, de tiempos, de personajes. Sólo un intento fallido de provocarme, y espero que lo haya logrado tras su aparición. Lo único memorable es el siguiente pasaje:

El placer es como el nacimiento o como la muerte, nos ocurre una sola vez, pero al nacimiento lo olvidamos y a la muerte la ignoramos; el placer es ese único instante de éxtasis cuyo recuerdo o ilusión nos mantiene vivos. Nos ocurre solamente una vez. El resto de la existencia, antes y después, es tan sólo una reflexión al respecto. Es ridículo pero es así, para los putos y para los demás. Creemos amar a una sóla persona pero de hecho solamente amamos ese flash de placer, quizás como los católicos aman la crucifixión de Cristo.

...al que, por cierto, el autor no vuelve, como si el poder de las ideas e imágenes que hilvana, nunca se hubiera manifestado.


Wednesday, November 17, 2010

facto: lewis carroll



Hace poco terminé de leer Alice in Wonderland / Through the looking glass de Lewis Carroll. Al mismo tiempo pensaba en la posibilidad de la errancia, en esos momentos que de pronto a uno le llegan como una brisita de aire y lo asaltan (hasta parece que se aparecen debajo de la cama o en el momento de abrir la puerta de la propia casa).

Sería genial, pensé, enfilarse a otro mundo, así como Alicia, pero con la certidumbre de que el regreso no será tan inminente. Sin la seguridad de nada más que la del lugar donde uno se dirige. Y comencé a abrir los ojos, a aventarlos a aquellos tiempos en Bélgica, en España, en Gringolandia. Tuve ganas de partir, de volver a hacer maletas. De "quemar las naves", como dicen por allí.

Y así, de pronto, Carroll me volvió a la realidad. No sé ni cómo ni cuándo, pero asumí la inexistencia del significant other, y con toda la calma del mundo, me vi aquí, entre el cemento de esta gran ciudad, buscando lo inencontrable.

Saturday, November 6, 2010

arte: rosa beltrán

Le faltó más protagonismo a Iturbide. Más umph a los personajes femeninos. Más drama.

Eso sí, impecablemente escrito.

Saturday, October 23, 2010

arte: ¿gabo leyó a foucault?

Abrió la maletita de Sierva María y puso las cosas una por una sobre la mesa. Las conoció, las olió con un deseo ávido del cuerpo, las amó, y habló con ellas en hexámetros obscenos, hasta que no pudo más. Entonces se desnudó el torso, sacó de la gaveta del mesón de trabajo la disciplina de hierro que nunca se había atrevido a tocar, y empezó a flagelarse con un odio insaciable que no había de darle tregua hasta extirpar en sus entrañas hasta el último vestigio de Sierva María. El obispo, que había quedado pendiente de él, lo encontró revolcándose en un lodazal de sangre y de lágrimas.
"Es el demonio, padre mío", le dijo Delaura. "El más terrible de todos".

Del amor y otros demonios, Gabriel García Márquez (1994), pp161-162



VERSUS



Desaparece, pues, en los comienzos del siglo XX, el gran espectáculo de la pena física, se disimula el cuerpo supliciado y se excluye del castigo el aparato teatral del sufrimiento. Se entra en la era de la sobriedad punitiva...Los mecanismos del castigo adquieren entonces un nuevo tipo de funcionamiento, el proceso se halla lejos de haber concluido...ya no se trata del cuerpo, es el alma.

Vigilar y Castigar, Michel Foucault (1976), pp 23-27.

Sunday, August 8, 2010

arte: fegalim oscurae

Omar Gámez, fotógrafo mexicano, realizó una serie de fotografías que publicó el año pasado en un libro titulado The Dark Book. Las imágenes recogen impresiones de aquellos sitios sórdidos, apelmazados de oscuridad y tentación, en que individuos anónimos buscan sexo, una caricia rápida, el contacto físico sin mayores consecuencias emocionales: Dark Rooms.

Las fotografías son reveladoras a pesar de la poca luz que las ilumina. Los cuartos oscuros, los cuerpos esperando como obstáculos, los ojos en las manos; en ellas, el fotógrafo esconde todo el poder de la mirada. Uno tiene que discernir para excitarse, leer las siluetas para enterarse, acostumbrarse a la penumbra para ver, tocar, participar. Uno está allí, en esa oscuridad, gracias a la efectividad de la casi-abstracción fotográfica. Las fotografías son, además, maravillosas porque prometen un diálogo con una identidad que se borra, que se escapa, que es puro cuerpo, apenas un bosquejo entre el amasijo de etiquetas de la posmodernidad; son ventanas al mundo queer, desde su acepción más general, aquélla que puede abarcar hasta a los heterosexuales.

Estas imágenes vinieron a mi mente cuando estaba leyendo Faggots de Larry Kramer. El autor hace una descripción magistral de la experiencia de uno de sus personajes en un cuarto oscuro, que me ubicó en tiempo y en espacio frente a las imágenes de Omar Gámez. Aquí un extracto:


"Rancid and ratty would best describe the atmosphere of the Everhard Baths at this prime hour. In this outpost of civilized behavior and democracy in action, the redolent smell combined the distinct odors of popper, dope, spit, shit, piss, and a bevy of lubricants..."

"...Earlier arrivals, the younger ones at any rate, in good physical shape and desirable, would by now have ejaculated in some manner or other, approximately three to six times, while older soldiers, passing walled moans and groans, would by now have received approximately forty-nine rejections as they heaved pasty white frames from cubicle to cubicle, reached out exploratory fingers of hope to inhospitable cocks, listened for anticipated "I don´t think so"s, "Get out"'s, or more polite "I am resting"s...


Y es que Kramer escribió un libro estupendo. El arcoiris de personajes que lo atraviesa es abrumante; cada uno tiene filias particulares, cada uno grita y llora, fornica y besa de manera despiadada como teniendo la certidumbre de que el mundo nunca se va a acabar, de que lo inmoral es enternecedor y de que el presente no dura más allá del efecto del sicotrópico en turno.

Kramer lo escribió antes de la aparición del SIDA que arrasó con tantas vidas en Nueva York. Y quizá lo intuyó, y si no fue así merece ser canonizado, porque creó a Fred Lemish, el único personaje que busca el amor allí entre los sudores, las eyaculaciones, la pornografía, el glamor. Lemish reclama que los homosexuales nos estamos consumiendo:

"We have the ultimate in freedom -we have absolutely no responsibilities! - and we're abusing it. My sister-in-law does not speak to me, not because I'm a faggot, to which news she is now adjusted, as am I, but because she says I'm a coward, I'm not in there pitching to make this world a better place...I am not relating to anyone succesfully, I'm not proving to the world or to myself that I know what to do with this freedom...But when I look around me, all I see is fucking. All we do is fuck. With dildoes and gallows and in the bushes and on the streets..."

Sin caer en elementalismos, Kramer dibuja a un Lemish que es atractivo tanto como lo queramos ver. Con idiosincracias y compulsiones, Lemish respira a través de las páginas. Es soñador, paranoico, compulsivo, ingenuo e inteligente. Es un buen tipo que le grita a su pareja, a pesar de la indiferencia del otro:

"...why do faggots have to fuck so fucking much?!...it's as if we don't have anything else to do...I'm tired of using my body as a faceless thing to lure another faceless thing, I want to love a Person!, I want to go out and live in that world with that Person..."

Todos los otros personajes se desdibujan, o mejor dicho, se consolidan siempre que hay alrededor de ellos otros cuerpos desnudos, que son orificios, fluidos, tactos, drogos, sadomasoquistas, fist-fuckers y otras tantas bizarrerías. Lemish transita en los márgenes y en los centros, sin estar ajenos a los problemas y placeres de su tiempo, esperando encontrar that Person. La moraleja es clara y contundente, y se vuelve aún más una vez que la epidemia del SIDA entra en escena años más tarde y trastorna las mentes, las actitudes, las costumbres, las formas, las relaciones. Por eso, por querer desgenitalizar la homosexualidad, por querer buscar en ella un espectro más amplio donde la filosofía, la participación, la comunión (fuera de toda religiosidad inmediata) provoquen en el individuo un cambio para sí y para el lugar en el que viven, es que Kramer y Faggots merecen toda mi pleitesía.

"Having so much sex made having love impossible"



Imágenes de:
Omar Gámez, The Dark Book, 2009.
www.omargamez.com

Sunday, August 1, 2010

arte: maurice


Dry

Cheesy

In-the-closet

Love has never proven easy for our folk

Rich in allegories, in innuendos although slightly erotic. Ripe with social criticism, queer theory & class-aware commentary on 19th century England.

Scandalous for its time. A pleasure to read.

Saturday, June 19, 2010

schadenfreude


At times, tender and crude. Always fluid. It comprises a series of voices telling the story of a nerd on the quest for that mysterious thing called love. One might think that the countless references to sci-fi heroes and themes, his failed attempts at hooking-up and the ensuing reclusion into a world of fantasy make up for the character's lack of an open cultural and political stand. The opportunities are numerous, however. The story unfolds in turbulent political times, both in the USA and the Dominican Republic, culturally charged territories that seem to pass unnoticed by Oscar Wao as he strategizes on getting thin and falling in love. Everybody else has something to say about the Trujillato, that despicable dictatorship in the DR. Everybody has something to say about life in the USA for newly arrived immigrants. Except him. In the end, he is only the result of what everybody, including Tolkien, wanted him to be.

It is also the story of a family joined by a common vision of the world, one that goes on from generation to generation, and which dictates the misfortune of its family members. Some sort of karmic science, a fantastic disposition towards the inexplicable, the so-called fukú. The different narrators succeed in building the story, all from different perspectives, different times, different places. And in all of them, there is a sense of doom, of tragedy that Oscar meets and accepts, although at times, reluctantly. His embracing of its sad faith is heroic to the point of cheesy-ness, the rather unpredictable end of the story is relieving as many stories with geek stories tend to move towards the redemption of the protagonists by means of a self-discovery complete with coolness and umph. Oscar Wao waddles in melancholy, impotence, and a sense of humanity that made me stop reading from time to time to reread that sentence, to replay the scene in my head. It is humorous,too, so much that sometimes I would reprimand myself for doing so at moments where tragedy and comedy would meet.

In fact, I learned a new word thanks to Oscar Wao: Schadenfreude, pleasure derived from the misfortunes of others. It has become of my favorites.

Monday, June 14, 2010

el abandono

Abandoné a Antonio Lobo Antunes un miércoles de mayo al caer la noche. Sin pensar (o quizá como resultado de la sobre-racionalización habitual), sin querer darle mayor importancia, lo abandoné a su suerte apenas sintiendo un gramo de culpa, otros dos de desfachatez y casi nada de cinismo. Sentí alivio al dejar atrás el lenguaje freudiano, la multitud de voces, el caos linguístico que rompía con todas los formalismos literarios que, después de una hora, me provocó una jaqueca leve y duradera. Ya ni el espresso (mal) cortado pudo apaciguar el sonidito que me taladraba las sienes. Culpo a Antonio Lobo Antunes por la repetición exacerbada de imágenes perturbadoras con tufos siconalistas, solamente por eso.

¿Qué haré cuando todo arda?, me preguntaba.

Tal vez Junot Díaz pueda responder...