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Monday, June 20, 2011

arte: de la ficción a la calle

Gracias a los soberanos señores del Sindicato Mexicano de Electricistas que acampan sobre la avenida Bucareli, en el centro de la Ciudad de México, tuve que caminar por rutas alternas para dirigirme hacia el Zócalo. Así, en lugar de tomar Bucareli (cerca de casa) tomé la avenida paralela, Abraham González; y justo antes de dar vuelta en la calle Morelos, donde se encuentra un famoso establecimiento cafetero que figura en la Historia, tanto la "real" como la ficticia, reparé en una placa de bronce que rememora la muerte del comunista cubano Julio Antonio Mella, asesinado en ese mismo sitio a principios de siglo.
Entonces recordé el texto que ensalza el rol de Mella en la historia del partido comunista mexicano así como la profunda influencia en otro personaje ejemplar de la vida cultural mexicana de principios del siglo veinte, la fotógrafa Tina Modotti. Así es como en Tinísima, de Elena Poniatowska, nos acercamos a la biografía novelada de una de las mujeres artistas más fascinantes cuya visión fotográfica nos dejó una serie de imágenes que bordan entre la documentación antropológica y la abstracción en fotografía. Es un texto temerario que bien discute sobre las máximas del comunismo en su afán por defender su existencia en el país así como las angustias y deseos interiores de una mujer enamorada, perseguida, politizada y talentosa como la Modotti. El libro relata con maestría el asesinato de Mella en la calle Abraham González en el centro de la ciudad en manos de figuras que saltan de la sombra, y el consecuente sufrimiento, sicológico y político de Modotti, a quien en principio se acusó de ese asesinato (se pueden encontrar fotografías de Modotti encarcelada y siendo interrogada en el acervo del Archivo Casasola).
 
Por eso cuando encontré esa placa, sonreí. Porque el libro se volvió más significativo, más tangente, más real. Un encuentro con la literatura (años después, claro, pues leí este libro hace 4-5 años).
Y creo que éste es uno de los mejores trabajos de la Poniatowska, tal vez apenas secundado por La piel del cielo.


(Irónicamente, la placa que conmemora la desaparición de Mella está apenas al alcance de los ojos: la tiendita de abarrotes que se encuentra justo en ese sitio la cubre poco a poco con toda su parafernalia "abarrotera").

Wednesday, June 15, 2011

arte: otra de Baldwin

You are going to have to do a lot of kissing before you can kiss this one away, anunció Cass entre el humo del quinto cigarro, el vodka perpetuo y la voz expansiva de Bessi Smith. Another country, del genial James Baldwin, narra la vida de cuatro personajes en el Nueva York de mediados del siglo veinte y la forma en que sus vidas intersectan con temas tan visitados como la bisexualidad, las parejas interraciales y el sentido histórico del esclavismo en sus repercusiones más recientes (como ondas que continúan torturando a los personajes hasta el final de la historia). Sin embargo, estos temas se desenvuelven con una naturalidad y un sentido narrativo indiscutible que cada nuevo confrontamiento, cada nueva discusión, cada intención sutilmente anunciada es una veta más para disfrutar de uno de los textos más apasionantes y más ambiciosos que haya caído en mis manos.

Es ambicioso porque en trescientas páginas se nos acerca a conflictos identitarios de raza y sexualidad  donde el ser negro es una condición inevitable, externa, colectiva, mientras que la sexualidad es interna, individual y hasta eludible en tanto que puede enmascararse. Pero sobre todo, y éstas son dos cosas que se quedaron conmigo después de que el libro se hubo terminado, 1) no hay peor manera de discriminar que aquella que se interioza y se ejerce contra nosotros mismos, y 2) todos somos, de una forma u otra, discriminados. En Another Country, todos sufren el azote de alguien: la infancia mal encauzada, el éxito profesional ajeno, la Historia que desfavorece a algunos, la distancia, el amor mal correspondido, la nostalgia del suicidio y, definitivamente, los teje-manejes de una sociedad, que en el caso de la estadounidense, es contundente en la identificación de verdugos y sujetos.

Es recomendable la versión en inglés porque no hay cosa más deliciosa que leer y escuchar en el fondo de tu cabeza el slang del Harlem neoyorquino de los años 40-60. You ain't gonna regret this, cats.

Tuesday, June 14, 2011

arte: delgadina

"Traté de separarle las piernas con mi rodilla por una tentación imprevista. En las dos primeras tentativas se opuso con los muslos tensos. Le canté al oído: La cama de Delgadina de angeles está rodeada. Se relajó un poco. Una corriente cálida me subió por las venas, y mi lento animal jubilado despertó de su largo sueño."
Gabriel García Márquez, Memoria de mis putas tristes, p. 31.


Tuesday, May 17, 2011

arte: de nuevo el gabo.

Es laberíntico. Inexorable. Exquisitamente poético y temerariamente violento. Histórico y ficticio. Verborreico hasta la coronilla y sin embargo contiene todas las palabras necesarias. Es un libro de amor y de tiranía. Es un recital de cariño y un epílogo del abuso. Así es El otoño del patriarca, uno de los mejores libros del Gabo. Confieso que el señor es uno de los santos más distinguidos en mi altar (con todo y su homofobia encarnizada) y que este libro me dejó trastornado. Descuajaringado. Ni Cien años de soledad me provocó tanta cosa en la cabeza. Tal vez Del amor y otros demonios y, definitivamente, El amor en tiempos del cólera. Pero El otoño del patriarca es perfecto. Perfecto en la pluralidad de voces que nos cuentan la historia (y ninguna de esas voces es la de Gabo), en el dolor bien narrado de todas las muertes y asesinatos y abusos y desamores y contrariedades de la vida y la realidad. Perfecto a pesar de casi nunca utilizar el punto y seguido ni las sangrías pues el texto fluye como un río de frases que se alargan, se van y vienen y trastocan doscientos treinta y tantos años de historia contenidos en cuatro capítulos de doscientas sesenta páginas en total.

Aparte, es el primer libro cuyo potencial homoerótico y riqueza de "mariconerías" es amplio y polémico. Una joyita, pues.

Wednesday, April 13, 2011

arte: elogio de la madrastra, vargas llosa




"Don Rigoberto entrecejó los ojos y pujó, débilmente. No hacía falta más: sintió al instante el cosquilleo bienhechor en el recto y la sensación de que, allí adentro, en las oquedades del bajo vientre, algo sumiso se disponía a partir y enrumbaba ya por aquella puerta de salida que, para facilitarle el paso, se ensanchaba. Por su parte, el ano había empezado a dilatarse, con antelación, preparándose a rematar la expulsión del expulsado, para luego cerrarse y enfurruñarse, con sus mil arruguitas, como burlándose: 'Te fuiste, Cachafaz, y nunca más volverás'."
Don Rigoberto sonrió, contento. 'Cagar, defecar, excretar, ¿sinónimos de gozar?'.
Elogio de la Madrastra, p81.

¡(Casi) poesía escatológica!

Confieso haber leído ese capítulo de la novela, titulado "Las abluciones de Don Rigoberto", dos veces. La prosa es precisa, económica. Y las imágenes son certeras. Porque parece que de eso se trata. Vargas Llosa promueve una serie de imágenes narrativas y visuales para elaborar desde ellas hilos eróticos y perversos tan perfectamente coordinados que el librito de 200 páginas se va en tres días, o menos.

Don Rigoberto, un viejo coleccionista de arte y amante empedernido de Lucrecia, la madrastra, disfruta de los placeres del cuerpo. Uno de esos placeres deriva de la contemplación del arte: Tiziano, de Szyzlo, Boucher, Fra Angelico. Junto con la imparable libido de Lucrecia, Don Rigoberto interpreta las obras, las performea entre sábanas y cuartos de baño. Las obras de arte juegan un papel preponderante en la estructuración de las fantasías eróticas de la pareja y hasta de una que otra trama perversa que al final, de modo sorprendente, rompe con nuestras expectativas (Fonchito, el entenado, es bello y perverso, todo un ejemplo de la literatura romántica del siglo diecinueve). La mirada, del espectador a la obra de arte, de la obra de arte a los personajes, de los personajes a la obras, de las obras al espectador (la novela viene ilustrada con las obras en cuestión) es definitivamente multidimensional. Permite a Don Rigoberto historizar sus miedos y fantasías (es un sibarita, un hedonista y tiene miedo de la decadencia del cuerpo). Quiere inmortalizarse, encapsularse de la misma manera que yacen en su sala, en su vitrina bajo llave, su colección de dibujos eróticos. La contemplación estética y el cuidado riguroso de sí son "su manera de sustraerse momentáneamente a la ruin decandencia y las servidumbres edilicias de la civilidad, a las convenciones abyectas del rebaño, para alcanzar, por un breve paréntesis del día, una naturaleza soberana" p132.

El erotismo es, pues, una subjetividad peligrosa. Difícil asirla en la obra abstracta y, sin embargo, en esta novela un niño motiva la interpretación libidinosa de un cuadro abstracto de Szyzlo. El erotismo es un arma con la que se declaran y ganan guerras. Esta novela lo demuestra. Y es, evidentemente, un ligero velo que cada uno pone según su soberano gusto. ¡Ya no hablemos de apropriación! ¿Qué estudios culturales ni qué tres cuartos?! La obra existe porque provoca sensaciones, libera sensualidades, afecta de manera inmediata al espectador como lo ilustran los orgasmos y cabalgatas nocturnas de la pareja protagonista. El arte es útil. El arte es liberador. El arte es universal y tangible (También elitista y personal; aquí no cabe ni la galería ni el museo). Allí ya no cabe el artista; solamente el puente que se construye entre espectador e imagen. El arte es personal.

¡Que no se le pare a Don Rigoberto si miento!


imagen: Chimney, 
de Gio Black Peter.

Sunday, March 6, 2011

arte: houellebecq

me queda muy claro: Michel Houellebecq es un damn good writer. La carte et le territoire (El mapa y el territorio) obtuvo el codiciado premio Goncourt de las letras francesas el año pasado a pesar de las polémicas que rodean a este fascinante escritor francés acusado de plagio (por utilizar íntegramente algunos pasajes de Wikipedia en su libro) y, en general, por su misantropía.

Pero no me interesa la personalidad del autor sino su producción. Aunque aquí puedo ser acusado de miope pues Michel Houellebecq inventa un personaje llamado así, Michel Houellebecq, en la tercera y última parte de su libro. Allí es un escritor atormentado por la soledad del campo, la fama y el dinero que muere aparatosamente en manos de un coleccionista de arte , quien para sustraer de aquél un codicioso y precioso retrato lo hace pedacitos con una amputadora y deja el lugar del crimen, con aparente deliberación, cual pintura de Jackson Pollock.

La carte et le territoire es un ensayo de crítica e historia de arte, historia de amor contrariado y novela de detectives. Uno puede ver la historia, como si fuera una banda animada que se desdobla frente a nuestros ojos, recorrerse con naturalidad. Y sin embargo, hay momentos que un mismo pasaje contiene alusiones a momentos que se creen superados, flashbacks que se agradecen por la capacidad evocativa de la palabra del escritor francés. Houellebecq tiñe la historia de ideologías y polémicas que en años pasados se pudieron creer descabelladas pero que ahora, gracias al posmodernismo y su pluralidad, son perfectamente representables (y es ésa, la representación, una de las grandes preocupaciones de este autor al representarse a sí mismo, y también la France profonde y las dinámicas del mercado del arte contemporáneo).

La carte est plus importante que le territoire, afirma Houellebecq en boca de su protagonista, el pintor de moda francés Jed Martin quien atraviesa la novela deshojando tragedia tras tragedia (dicen que las historias de este autor están siempre marcadas por un profundo nivel de tristeza y desacorazonamiento). Sus monólogos son tratados de arquitectura, teoría del color, entendimiento de las dinámicas del arte y diatribas de un hombre que no vive más que para observar con envidiable tesón el desenvolvimiento de su propio pathos. 

Esta es una novela estructuralista, sagaz y deliciosamente corrosiva.